Lobishomen, página personal

Femir, Capítulo 7

Publicado por lobishomen en Julio 2, 2008

Desde 2° de secundaria llevo escribiendo esta historia, normalmente paso muchos meses sin escribir nada y de repente le hago avances. Les dejo un capítulo en el cual la mayoría de su contenido es de relleno pero me empeñé en mostrar la situación de algunos personajes y en hacerlo emocionante(para que se lo empiecen a imaginar, al final del capítulo anterior estaban caminando por el bosque en busca dragones para cazar y alguien acababa de contar una historia muy trágica)

–Gran historia –habló por primera vez en el camino Velkamir–, lástima que sea tan triste.
–En esta vida –dijo Kalamur–, las tragedias son inevitables, por más que se haga el esfuerzo por proteger a todos, siempre llegará un momento en que perderemos todo lo que hemos valorado.
–¿Realmente crees eso?– preguntó Demeter– mi papá siempre me ha contado que es muy afortunado al tener una familia; que parece ser un regalo de la vida ya que no tuvo que dar nada a cambio por ella.
–Pero la historia aún no ha terminado –dijo Velkamir– no quiero que me digas que te estoy dando un mal augurio, pero siempre existe la posibilidad de que pase algo.
–Pues piénsalo bien –dijo Demeter–, si todos los hijos murieran antes que los padres ya nos habríamos extinguido desde hace mucho tiempo.
–Admito que tienes razón–dijo Kalamur pensativo.
–¿Y tu Femir? – dijo Demeter – ¿qué crees?.
Femir sintió un poco de lástima por su papá, por lo que no pudo evitar dar un suspiro, luego comenzó a hablar:
–Un dragón se llevó a mi papá lejos de este bosque –decía Femir muy serio– después de pasar por muchas dificultades mi papá regresó al bosque, pero ya había pasado mas de un yarek cuando regresó, y mi abuelo ya había muerto.
«Mi abuelo fue atacado por tres dragones de Tierra y cuando llegaron los demás kenhars a ayudarlo ya era demasiado tarde. Así que mi abuelo murió sin tener a su hijo a su lado, y mi papá no pudo despedirse de mi abuelo. Tal parece que al menos con mi papá es cierto que todo termina en tragedia.»
–Femir – dijo Demeter–, no olvides que esa historia aún no termina y tu formas parte de ella.
Nunca lo había pensado así pero era cierto, Femir se acababa de dar cuenta que era una parte importante en la impresionante historia de la vida de su papá. Eso significaba que ocupaba un papel, aunque fuera secundario, en una historia que sería toda una leyenda contada de generación en generación.
–¿Han escuchado a menudo hablar de Ensour?– dijo Velkamir cambiando de tema.
–Por supuesto– contestó Kalamur– todos hablan de las grandes hazañas de ese gran kenhar, ha logrado matar a varios dragones de Tierra él solo. Claro que no ha peleado con varios de ellos al mismo tiempo, pero ya lograr ganarle a un dragón de tierra requiere de mucha inteligencia, fuerza y agilidad.
–Ese kenhar es increíble– decía Démeter– a nuestra edad ya era capaz de manejar el fuego con mayor habilidad que un adulto.
–Si, es asombroso –dijo Femir en un tono monótono. No le gustaba recordar que no había heredado las habilidades de su papá.
Estaban llegando por fin al lugar con los árboles con color rojo y los dragones se podían ver volar en distintas direcciones. Unos a mayores alturas que otros, el mas abundante era como siempre, el dragón de viento, seguido por el dragón de fuego y el dragón de hielo.
Los dragones de fuego no eran cazados por los kenhars ni tampoco los dragones de fuego atacaban a los kenhars, ya que el hecho de que no se pudieran quemar entre ellos hacía que las peleas fueran muy desgastantes para ambos.
Femir aceleró un poco el paso, dejando varios pasos atrás a Kalamur, a Demeter y a Velkamir. En breve Femir vio bajar del cielo a un dragón de viento, con todo su cuerpo de un color gris, excepto la parte interior de las alas que era de un color rojo intenso.
El dragon estaba bajando muy rápido con el hocico abierto hacia Femir, intentaba devorarlo sin necesidad de aterrizar por completo.
Femir decidió no invocar el fuego todavía, porque podría ahuyentar al dragón, debía de esperar a que aterrizara, así que Femir lo esquivó y se colocó detrás de un árbol.
El dragón, con un poco de trabajo para controlar sus movimientos, dio una vuelta en el aire y nuevamente intentó devorar a Femir sin aterrizar.
Todo iba bien hasta ese momento, Femir tenía controlada la situación, solo tenía que esperar a que el dragón bajara la guardia para entonces atacarlo con todas sus fuerzas; pero arriba en el cielo otro dragón de viento vio lo que sucedía y decidió atacar a Femir por la espalda.
Femir estaba concentrado en cazar al primer dragón, pero luego escuchó que otro se acercaba por la espalda haciendo un movimiento muy parecido al del primer dragón. Femir dio media vuelta y apenas tuvo tiempo para esquivarlo.
Pasando de ser cazador a ser presa Femir se encontraba evitando los ataques de dos dragones de viento a la vez; en el fondo sabía que eso no podría continuar por mucho tiempo ya que los repetidos ataques de los dragones lo estaban cansando.
Pensó en invocar al fuego pero no tenía suficiente tiempo para concentrarse.
Luego de esquivar un ataque cayó al suelo, vio como el hocico abierto de un dragón de viento se acercaba hacia él y no tenía suficiente tiempo para levantarse.
Miró a los ojos al dragón, los ojos de aquel dragón era de un rojo tan vívido como el fuego, unos ojos que en esos momentos solamente mostraban la intención de asesinar. Sintió el aliento del dragón, y por un momento pensó que realmente iba a ser devorado.
Pero ese hocico que estaba a punto de acabar con la vida de Femir recibió una fuerte herida con la lanza de Kalamur.
–Femir–dijo Kalamur– recuerda que en esta pelea no son dos dragones contra un solo kenhar; porque somos cuatro kenhars.
El sentimiento que tuvo Femir en ese momento no era fácil de explicar. Su vida había estado a punto de terminar y un compañero suyo lo salvó. Se alegraba de haber sido salvado, pero ¿qué se sentiría salvar a alguien?.
Mientras Femir y Kalamur terminaban con la pelea con un dragón, Demeter y Velkamir terminaban la pela con el otro dragón. Todo habría salido bien, de no ser porque la pelea llamó la atención de otros dragones y antes de que derrotaran a los dos dragones de viento ya habían llegado también dos dragones de hielo y un dragón de tierra.
Mientras uno de los dragones de viento atacaba a Kalamur, Femir trepó rápidamente a un árbol y saltó hacia el dragón que atacaba a Kalamur clavándole su lanza en la espalda.
El dragón se retorcía de dolor y Kalamur aprovechó para invocar el fuego y terminar con esa pelea.
Al mismo tiempo Velkamir le iba a acertar un golpe mortal al otro dragón de viento, pero tuvo que esquivar la cola de un dragón de hielo y perdió su oportunidad de ganar la pelea.
Los cuatro kenhars estaban muy cansados y tres de los cuatro dragones estaban en perfecto estado.
–Escuchen – dijo Velkamir – se me está ocurriendo un plan para poder ganar.
–¿Cómo pretendes hacerlo? – preguntó Demeter– yo creo que mas bien deberíamos huir.
–No es buena idea – le respondió Velkamir– los dragones son mucho más rápidos que nosotros, la única manera de huir sería si los superáramos por mucho en número, así podríamos confundirlos.
–¿Qué sugieres? – preguntó Femir.
–Ataquemos al dragón de viento que aún queda vivo, todos a ese dragón, intenten no separarse de él, de esa manera si otro dragón nos quiere atacar, accidentalmente golpeará al dragón de viento. Como el dragón de viento está herido no podrá moverse lo suficiente para que no lo alcancemos.
–¿Y luego que debemos hacer?– preguntó Kalamur.
–No lo sé –decía Velkamir– esperar a que mejore la situación, pero eliminar a un enemigo es lo mas que podemos hacer por el momento.
Los cuatro kenhars treparon en diferentes árboles para posteriormente caer sobre el dragón de viento. Este dragón intentó esquivarlos pero solamente pudo esquivar a Femir y a Velkamir, mientras que Demeter y Kalamur la clavaban sus lanzas en la espalda.
Femir había caído al suelo pero sin bajar la guardia, vio que la cola de un dragón de hielo se aproximaba hacia él; dio un salto para esquivar la cola, y como lo había dijo Velkamir, la cola golpeó al dragón de viento, el cual quedó en parte congelado.
El dragón de viento continuó recibiendo ataques de Demeter y Kalamur mientras que el dragón de hielo continuaba con los intentos por congelar a Femir.
Femir se mantenía cerca del dragón de viento para que los golpes de otros dragones les dieran algo de ventaja. Por fin murió el dragón de viento pero justo después de que murió el dragón se pudo escuchar un grito de Demeter:
–¡Velkamir!– gritó desesperado Demeter.
Velkamir estaba congelado y al acecho de un dragón de hielo, mientras que Demeter corría para salvarlo.
Kalamur y Femir corrieron también de inmediato a auxiliar a su compañero herido.
–¿Ahora qué podemos hacer?– decía Femir– no podemos abandonar a Velkamir pero si sólo nos dedicamos a protegerlo pronto acabaremos como él.
–Kalamur –dijo Demeter–, tu eres el que se encuentra en mejor estado en este momento. Llévate a Velkamir y pide ayuda, nosotros resistiremos todo lo que sea necesario.
–Pero… – decía Kalamur–, quedarían en desventaja numérica, y también hay un dragón de tierra esperando a que los otros dragones los debiliten aún más para atacar.
–¿Tienes una mejor idea? – dijo Demeter.
Sin contestarle a la pregunta Kalamur se fue corriendo cargando a Velkamir, el cual estaba congelado. Mientras corría invocó fuego en las palmas de sus manos para ir descongelando a Velkamir. Los kenhars podían resistir el congelamiento pero solo si eran tratados a tiempo.
Kalamur corría con todas sus fuerzas, incluso corría mas rápido de lo que su cuerpo normalmente le permitía, el hecho de tener que salvar a alguien parecía estar haciéndolo mas fuerte; o tal vez era la desesperación de ver cómo Femir y Demeter estaban arriesgando sus vidas peleando contra aquellos dragones, cada minuto que pasara aumentaba el riesgo en el que sus vidas se encontraban.
Femir se colocó a espaldas de Demeter y miró en el sentido contrario al que miraba Demeter para así evitar que alguno de los dos fuera atacado por la espalda.
Femir sintió miedo, estaba mirando el rostro de la muerte, sin importar que tan rápido corriera Velkamir era imposible que llegara al pueblo y regresara con ayuda antes de que los dragones acabaran por matarlos y devorarlos.
Pudo contenerse de huir, no por valentía, sino porque sabía que si corría se quedaría solo y mas vulnerable. Hacía algunos momentos estaba pensando en proteger a los demás pero ya ni siquiera sabía como protegerse él mismo.
–Femir –dijo Demeter.
–¿Sucede algo?– contestó Femir. Tanto Femir como Demeter estaban respirando muy rápido, lo cual era el producto del cansancio y el miedo.
–¿Tienes alguna idea que nos permita resistir?.
Femir intentó pensar pero el temor a morir ahí no lo dejó pensar.
–Creo que no se te ocurre nada – dijo Demeter en respuesta al silencio – yo estaba considerando que deberíamos huir por caminos separados para que uno peleara contra un dragón y otro contra dos, eso haría mas fácil que sobreviviera uno de nosotros.
–¿Estabas considerándolo? ¿ya no lo estas?.
–No es buena idea –respondió Demeter–, cualquiera de nosotros que se enfrente al dragón de tierra es kenhar muerto, y como un dragón de hielo no se atreve a luchar solo por la presa de un dragón de tierra, es obvio que un kenhar acabaría peleando solo contra dos dragones de hielo y el otro contra un dragón de Tierra, si alguien de nosotros huye ambos moriríamos mas rápido.
La situación era bastante grave, ya que no podía huir uno solo, porque al dividirse se harían mas vulnerables, si huían los dos juntos, los dragones los alcanzarían más rápido.
–¿Tienes alguna idea de cómo hacer que se enfrenten entre ellos? –preguntó Femir.
Pero en ese momento uno de los dragones de hielo movió su cola hacia donde estaba Demeter.
–¡Cuidado Femir!, ¡Salta!
Femir y Demeter saltaron al mismo tiempo para esquivar la cola. Luego Demeter aprovechó el tiempo que tardaba en caer para comenzar una invocación de fuego.
Demeter cayó sobre el dragón de hielo y le quemó la espalda. El dragón lanzó un rugido de dolor pero bastó con agitar un poco las alas para que Demeter cayera al suelo; cuando Femir lo vio caer se dispuso a ir a ayudarlo pero recibió un golpe con la cola del otro dragón de hielo y cayó al suelo con la mayor parte de su cuerpo congelado.
Se sintió impotente al no ser capaz de ayudar a Demeter y ni siquiera fue capaz de protegerse a si mismo. El hocico del dragón de hielo se acercaba hacia Femir, y Demeter se encontraba clavándole una lanza al otro dragón de hielo.
Un dragón de hielo rugía de dolor y el otro estaba a punto de devorar a Femir. Pero había algo extraño hasta ese momento, el dragón de tierra no se había movido, parecía como si estuviera esperando que los dragones de hielo acabaran con los kenhars para luego reclamarlos como suyos.
Justo cuando el dragón de hielo estaba a punto de comerse a Femir, el dragón de tierra atacó rápidamente al dragón de hielo, pues el dragón de tierra quería comerse a Femir.
Demeter corrió a proteger a Femir, mientras que el dragón que estaba a punto de comérselo comenzaba a agitar las alas para emprender el vuelo, como cualquier dragón inteligente, no enfrentaría el solo a un dragón de tierra ni siquiera por el placer de comer a un kenhar.
Ahí quedaban ellos dos, Femir y Demeter, Femir ya no se podía mover y Demeter había resultado herido en su pelea con uno de los dragones de hielo. Ante ellos se alzaba de manera majestuosa el dragón de tierra, daba la impresión de ser tan alto como una montaña, y su respiración resonaba con tanta fuerza que daba miedo.
–Femir– dijo Demeter– este será mi último ataque, estoy decidido a herir a este dragón aunque me cueste la vida. Luego de este ataque no seré capaz de seguir peleando y seré devorado. Lo mismo te pasará a ti. Es una pena que todo termine aquí.
Femir podía ver y escuchar todo lo que sucedía pero no podía moverse ni hablar. Le habría gustado decirle adiós a Demeter, y darle gracias por haber sido su protector, aunque fuera por solo unos instantes.
Una lágrima salió por uno de los ojos de Femir.
Y el viento hizo volar hojas secas que estaban en el suelo. Era bastante normal que las hojas secas volaran con el viento. Pero en esas circunstancias las hojas secas le recordaban a Femir que la muerte existía y los tenía acorralados.
No podía odiar a los dragones, puesto que los kenhars siempre cazaban dragones, eso era un juego de comer o ser comido, y había llegado el día en que él era el perdedor.
Demeter invocó el fuego y saltó hacia una de las patas delanteras del dragón, observando como el resplandor del fuego que había invocado iluminaba la piel del dragón. El fuego que Demeter invocó era enorme, ya que no esperaba tener más energías para seguir peleando después de eso, simplemente era una forma de despedirse del dragón. Tampoco estaba atacándolo hacia la espalda, ya que no le importaba quedar en una posición vulnerable al terminar de atacar.
Demeter le quemó la piel al dragón y este último dio un gruñido de dolor, aunque sintió dolor, no estaba herido; miró para abajo y observó complacido a Demeter y a Femir totalmente fuera de combate.
–Aquí termina todo Femir, adiós.
Demeter cerró los ojos porque no soportaba ver la cara de ese dragón,cerró los ojos para nunca mas volver a abrirlos pero en lugar de recibir la muerte, como él esperaba, escuchó un fuerte rugido de dragón, era un rugido de dolor; y luego escuchó que el dragón se desplomó en frente de él.
Abrió los ojos sin creer todavía en lo que había pasado y vio al dragón muerto en el suelo, con una lanza clavada en el cuello y arriba del dragón estaba Ensour sujetando la lanza.
Demeter tenía demasiadas preguntas en mente, ¿cómo era posible que Ensour hubiera llegado tan rápido?, ¿era posible matar al dragón de un solo golpe?, ¿había algún motivo por el que Ensour llegó exactamente en ese momento?, de haber llegado unos segundos después habría sido demasiado tarde. Pero con tantas preguntas en mente no fue capaz de hablar y solamente se miraba a Ensour asombrado.
–Los encontré por casualidad –dijo Ensour–, estaba buscando un dragón qué cazar y entonces los vi, estuve esperando a que el dragón de tierra se distrajera para poder atacarlo dándole un golpe mortal; de no haberlo atacado por sorpresa habría sido mucho mas difícil ganarle.
Femir miró a Ensour con mucho mas admiración que Demeter, no le importó lo que hubiera dicho acerca de atacar al dragón por sorpresa, las habilidades de su padre eran grandiosas, de no haber sido por él ambos estarían muertos, además eliminó a un dragón de tierra con un solo golpe.
Ensour contemplaba como lo miraban Femir y Demeter, parecía que habían creído la mentira de que los encontró por casualidad, la realidad era que Shankem, mientras volaba, se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, fue a buscar a Ensour y lo llevó hasta ese lugar; luego Ensour esperó el mejor momento para atacar.
Esa misma noche, mientras Femir descansaba para que se curaran sus heridas estuvo a solas con Ensour.
–Papá– dijo Femir.
–¿Sucede algo?.
–Dime la verdad, ¿cómo es que nos encontraste?, ¿no fue casualidad verdad?
–No, no lo fue, aunque no quiero hablar de eso.
–Pero…
–Está bien, solamente te diré que tengo un arma muy poderosa y que preferiría que nadie la conozca; pero me veo forzado a usarla cuando hay alguna emergencia.
Luego de eso Ensour se fue y Femir cerró los ojos intentando dormir. Se sentía mal consigo mismo, las habilidades de su padre eran increíbles, y él no las había heredado, se preguntaba si su padre estaría decepcionado de él; obviamente si se lo preguntaba Ensour solamente trataría de animarlo y diría que no se sentía decepcionado, así que Femir prefirió ahorrar palabras y no hablarle de eso; en lugar de ello haría todo lo posible para mejorar y darle continuidad al linaje de Fensour y Ensour, para algún día poder proteger a los demás.

Escribe un comentario

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <pre> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>